Cuentos de la abuelita

octubre 16, 2008 at 6:03 pm 1 Comentario

Nadie se imaginó que en el centro de la capital entre Plaza de Armas, la Alameda, Moneda y Santa Lucía se encontrarían las calles destinadas a convertirse en los tramos peatonales más concurridos en Santiago: los conocidos Paseo Ahumada y Huérfanos.

“Entre el 1946 y el 1955 ese sector era otra cosa, mijita. Cómo no recordar las distinguidas tiendas que amononaban Ahumada y Huérfanos. Peñalba, la tienda de ropa masculina más elegante, el Cine Principal era el único en Chile donde proyectaban películas continuas, el restaurante Chez Anry ubicado en el Portal Fernández Concha, donde ahora está lleno de locales que ofrecen esa basura de comida chatarra, el Café Santo era un salón de té que creo que aún permanece ahí, donde olvídese que le fueran a servir un trago. Estaba también el Bim ban bun, donde vendían esas revistas picarescas que hoy las encuentras por todos lados. Era tradicional ver a la juventud que se reunía en Los Obelinos, en Ahumada con Huérfanos, hoy reemplazado por la multitienda Hites. Cómo olvidar el salón de baile Lucerna, donde íbamos a bailar con tu abuelo ¿Te imaginas tú que en esos tiempos no había problema para circular de noche? Ahora no…todo eso ya se perdió”, cuenta Eliana Evans, mi abuela.

En 1975 los arquitectos de la Municipalidad de Santiago dirigidos por el alcalde Patricio Mekis aspiraban a mejorar la comuna creando vías peatonales en Ahumada y Huérfanos. Construyeron piletas y quioscos, plantaron flores y árboles, instalaron adoquines, más faroles de luz y bancas para descansar y construyeron estacionamientos subterráneos. Así, se implantó el regreso del centro de la capital.

Desde entonces nada iba a ser igual. Las calles de Ahumada y Huérfanos se convirtieron en los paseos peatonales más activos y comerciales del país. Hay locales que ofrecen los más variados productos (desde cosas para pokemones y oshares hasta una sopaipilla con mostaza ), vendedores ambulantes, artistas callejeros, sucursales bancarias, oficinas, lustrabotas, una pantalla gigante para ver los eventos deportivos, casas de cambio, pasajes y galerías, departamentos residenciales, monumentos históricos, una plaza a la que por circuntancias de la vida los peruanos le arrancaron el nombre, ancianos ajedrecistas y así podríamos seguir hasta siempre.

Lo que está claro, es que la cara del paseo cambió. Sin nunca perder su esencia comercial, dejó de ser el paseo familiar y elegante de antaño, para convertirse en un ejemplo vivo del capitalismo y el ritmo de vida actual que vivimos. Es el escenario que muestra al auténtico chileno, con sus virtudes y defectos. Al chileno esforzado y aperrao, al chileno bueno pal copete, al chileno ladrón, al chileno fresco que por donde sea tiene que andar sacando la vuelta, al chileno que tiene que parar en alguna picá, al chileno que siempre va atrasado y ni siquiera alcanza a lustrar los zapatos (entonces lo salva el lustrabotas), al chileno flaite que anda tirando shushá a todo el mundo, al shileno.

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1 comentario Añade el tuyo

  • 1. Catalina  |  octubre 17, 2008 a las 9:11 pm

    Que ganas de que Santiago centro volviera a ser como en los años 40. Lástima que la sociedad de hoy en día olvide los momentos que se vivieron ahi.

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