El lado maternal del centro
octubre 17, 2008 at 12:42 am Deja un comentario
Jacqueline Jiménez, directora.
Cuando comenzó, Jacqueline Jiménez recién había egresado de Educación Parvularia en la Universidad de Chile y era madre de mellizos. Ellos fueron su motivación. “Siempre me pregunté cómo lo hacían las mamás con sus guaguas, cómo lo hacen para trabajar. Por eso decidí empezar”, dice la directora de la Sala Cuna Maternal.
Comenzó cuidando seis niños y actualmente son 45 los que están a su cargo en el segundo piso del edificio Phillips 84. “El centro es el mejor lugar. Todas las mamás que trabajan aquí necesitan cerca a su bebé”, comenta después de casi tres décadas de labor.
Jacqueline en su oficina tiene tres pantallas que le permiten saber todo lo que ocurre al interior de la sala cuna. También citófonos donde se comunica rápidamente con las tías. Siempre está pendiente del movimiento del lugar, al igual que una madre con sus hijos. Es maternal. “El nombre surge de la idea de que fuera un lugar maternal, un lugar amoroso. Donde la mamá sienta que su bebé es querido, regaloneado. No tan sólo una simple atención, también dar cariño y amor”,confiesa.
La sala cuna tiene para mucho tiempo más. La hija mayor de Jacqueline, Catalina, siguió los pasos de su madre y estudia Psicología Infantil. “Esto ya se convirtió en negocio familiar”, afirma la educadora.
Comenzó trabajando en el hospital Calvo Mackenna, donde no tenía un horario definido. Muchas veces le tocó ocuparse del casino durante la noche y someterse a un ritmo de trabajo que no le beneficiaba. Por esta razón el haber entrado como cocinera a la sala cuna donde ya lleva 13 años, es para ella “el mejor lugar donde poner en práctica lo que estudié. En el centro está todo”. Se dedica desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde a cocinar para niños que aún no sobrepasan los tres años de edad. “Es una gran responsabilidad prepararle las comidas, porque finalmente yo reemplazo a sus madres que están trabajando todo el día y no puedo equivocarme”.
Muchas veces las madres de los pequeños se muestran desconfiadas de las comidas que se les entregan, pero con el tiempo Jacqueline ha sabido atender a las necesidades gastronómicas de cada uno de los niños, haciendo incluso comidas separadas dependiendo del gusto de las guaguas.
Ruth Muñoz, técnica en párvulos
Es la mujer de más confianza en el lugar. Lleva 21 años trabajando en la sala cuna. Y la responsabilidad dejada en ella es de las más grandes: está encargada de los niños más pequeños. “Trabajo directamente con los de dos a siete meses y es demasiado importante mi labor porque estoy en la etapa más crucial de las guaguas”. Debido a esto, no es sorpresa que hasta el día de hoy lleguen madres e hijos a saludarla y agradecerle por su trabajo”. Es gratificante que aparezcan ya grandes, hasta universitarios, eso significa que han valorado mi trabajo”.
Estar en pleno centro de Santiago, la hace aún más responsable de la salud de los niños. “Antes que hubiera aire purificado, a las madres les costaba dejar a sus hijos, porque todos sabemos que este barrio está contaminado”. Y para no provocar dudas respecto a su labor, la Tía Ruth como le dicen, deja que las madres entren a cualquier hora a ver a sus niños. Y bien sabe ella lo que es dejar a los hijos solos tan pequeños. Es madre separada y su hijo tuvo que quedarse a cargo de su abuela mientras ella trabajaba. “Me hubiera gustado haber tenido la oportunidad de dejar a mi hijo en lugar como éste”.
María Soledad Vilches, mamá
“Rocío Ignacia se ha adaptado muy bien. Está contenta, se nota”, comenta la madre de la pequeña de siete meses. María Soledad Vilches trabaja en la Corfo entre Moneda y Matías Cousiño. Vive en La Florida y siente miedo de dejar a su hija al cuidado de alguien extraño. Es por eso que optó por dejarla al cuidado de las tías de la sala cuna Maternal a un par de cuadras de su trabajo.
A las cinco de la tarde cuando termina su jornada laboral va a buscar a Rocío. “Cuando llego a la sala cuna me la entregan olorosita. Se nota que la regalonean harto”, dice la mamá.
María Soledad está agradecida. Su empresa tiene un convenio con la sala cuna y este servicio le sale gratis. “En estos tiempos de crisis es una gran ayuda”, comenta.
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